El racismo: un discurso político en México
Omar Cervantes

18-03-2018 01:19

Son muchos los factores que influyen en la orientación política de los individuos, y particularmente, en las actuales reglas del juego de la democracia, la definición del voto se vuelve una compleja concurrencia de emociones y aspiraciones de demanda de cambio o continuidad de un régimen, en la cual los actores de la política, frente al electorado, se comportan como eso, “actores”.
En una comedia política se ha tornado por momentos las campañas de los diferentes partidos y coaliciones políticas en México rumbo a las elecciones del 1 de julio de este 2018; un claro ejemplo de esto es el malogrado sarcasmo del presidente del Comité Ejecutivo del PRI, Enrique Ochoa Reza que en una concentración de correligionarios en el estado de Tabasco, hace unos días, se refiriera a los cuadros políticos que se están adhiriendo a MORENA como prietos que no aprietan, haciendo eco al mote “ingeniado” por el pre candidato independiente a la Presidencia de la República, Jaime Rodríguez autodenominado “el bronco” quien llamara unos días atrás “prieta” a MORENA. En ambos casos, queda demostrado que el humor y el doble sentido que da colorido a la cultura popular mexicana, no se ha manifestado en las personas de Rodríguez y Reza, quienes han dejado ver (el primero en varios casos) una proclividad por el mal gusto humorístico y una tufo a machismo renegado.
Además de la ausencia de sutileza e inspiración de la mayor parte de la clase política mexicana, hay una escasa vocación incluyente y una desmedida desfachatez en la misma, la cual ha quedado evidenciada en muchas ocasiones; desde “las lavadoras de dos patas” de Fox, “las gordas que nadie quiere” de Rodríguez y hasta “los prietos que no aprietan” de Ochoa Reza.
No solo han resultado bochornosos los casos antes mencionados, también nos muestran el fondo racista, clasista y machista que subyace en la ideología política de los nuevos actores de la democracia a la mexicana.
En casos como los antes mencionados siempre es importante extraer el sustrato de cada dicho y ubicar el lugar que ocupa el emisor, pero también saber de dónde vienen los conceptos empleados y, en el caso que tratamos en el presente, es ineludible remontarnos en la historia de nuestro país.
Según los estudios de M. S. Alperovich, a comienzos del siglo XIX la población indígena de la Nueva España alcanzaba una cifra de 2,400, 000 de un total de 6 millones de habitantes, lo que representaba un 40% de la población general de la colonia y la de esclavos negros, apenas una menguada cifra de 10, 000 en 1810; los españoles peninsulares, a quienes se les llamaba despectivamente “gachupines” llegaban apenas a un total de 15, 000 , entre los que había miembros de la nobleza y gente arruinada que buscaba enriquecerse rápidamente en esta tierra.
Los españoles ocupaban los principales cargos administrativos, militares y eclesiásticos del virreinato, además poseían grandes extensiones de tierra y minas. Existían, desde luego, otros componentes de la población; uno de ellos era el de los criollos o españoles americanos, con un total de 1, 100, 000, los que representaban menos de la quinta parte de la población general, entre los que contaba con pequeños terratenientes, propietarios de minas y manufacturas, pequeñas industrias, artesanos, intelectuales y miembros del bajo Clero.
Por último, como consecuencia de las diferentes mezclas de europeos, indios y negros surgió otro amplio componente conocido como “castas”, entre las que se destacaban la de los mestizos, mulatos, zambos, etc., que representaban el 40% de la población con 2, 400, 000 de seres humanos a los que no se les permitía participar en elecciones municipales y frecuentemente eran objeto de castigos corporales y difícilmente podían ingresar a puestos eclesiásticos o gremios; al igual que los indígenas, frecuentemente llegaban a pagar impuesto per cápita.
Alperovich señala que los colonizadores llegaron a subdividir en 16 grupos a este segmento, con nombres tomados de la zoología como zambo, coyote, lobo, etc., con el fin de aislar y contraponer a los nacidos en Europa y a los pobladores de la Nueva España. Pero además, nos da un dato harto interesante, además de la antropología había un elemento socioeconómico fundamental en la división de castas: si tenía una mejor capacidad económica, un individuo podía ser reconocido en una casta diferente a la que la lógica racista había clasificado, en otras palabras, podía ascender en la escala de castas.
Curiosamente, el 16 de junio de 2017 el INEGI presenta por vez primera, resultados sobre la Movilidad Social Intergeneracional, en una encuesta que captó un total de 32 481 hogares desde el 4 de julio de 2016 al 31 de diciembre de 2016, la cual contó con un apartado de la Percepción de movilidad social por auto-reconocimiento de color de piel.

Para tal efecto esta polémica encuesta ocupó una escala cromática que incluye una clasificación de color piel, la cual se retomó de la utilizada por el Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Princeton; esta escala cromática utilizada incluyó 11 tonalidades de piel, que van de la "A" la más oscura hasta la letra "K" la más blanca, con el propósito de que el propio entrevistado identificara su color de piel.

Los resultados de esta polémica encuesta nos reflejan una sociedad que sigue arrastrando las pesadas cadenas de su pasado colonial y, entre otros, extraemos los siguientes:
“…respecto a las personas que se autoclasificaron en los tonos Escala “B”, 15.8% son trabajadores agrícolas, ganaderos, forestales, de pesca y caza, 24.9% son trabajadores artesanales y operadores de maquinaria y transporte y 34.4% son trabajadores en actividades de apoyo; mientras que para las personas que se autodeclararon con una tonalidad de piel escala “J”, solo 4.8% son trabajadores agrícolas, ganaderos, forestales, de pesca y caza, 18.7% son trabajadores artesanales y operadores de maquinaria y transporte y 22.2% se dedica a actividades de apoyo…” (Módulo de Movilidad Social Intergeneracional de 2017, INEGI)
Desafortunadamente para muchos mexicanos la capacidad o destino de un individuo están determinados por el color de la piel, pero lo más lamentable es que la clase política reproduzca estas estructuras mentales que han favorecido el subdesarrollo de México.
En conclusión, el futuro de la patria mexicana depende de la determinación de su pueblo de romper con sus ataduras emocionales, pero además de hacer una profunda revolución ideológica que impacte las estructuras socioeconómicas.
Comentarios


Corea del Norte dejará las pruebas militares
Internacional  17:57hrs   
Gabriel Castillo

También cesará el desarrollo de misiles



Revista Nacional Ver más




Cartelera Ver cartelera




Frases Ver más


Aviso de privacidad
Terminos y condiciones de uso
Uso de cookies
Facebook
Twitter
YouTube
Desarrollado por

©2018 Derechos reservados.
Se prohíbe la reproducción total o parcial del contenido de este sitio, sin la autorización expresa.