Viaje a Asia en 90 minutos
Natalia Ibañez

22-08-2018 15:30

La comida asiática siempre ha sido para mí un tema muy interesante. Crecí comiendo únicamente arroz frito porque el sushi nunca ha sido lo mío. Con el paso del tiempo fui introduciendo a mis gustos otro tipo de platillos, en su mayoría japoneses. Poco a poco, al conocer más y más sobre la gastronomía, creció mucho mi interés en la gastronomía de otros países asiáticos, como China, Tailandia o India. Mis antojos ya abarcaban fideos, currys, dumplings, edamames, pad thai, entre otros.

En una ciudad en la que predominan los lugares de sushi, nunca sentí que pudiera realmente saciar mi deseo de probar estos otros platillos que me llamaban mucho la atención. Mi sentir se mantuvo mucho tiempo de esta manera hasta que una persona me mencionó un lugar nuevo, escondido en una plaza comercial en el cerro de La Paz. Los seguí en sus redes sociales y esperé a que me conquistaran. Fue precisamente el 18 de junio, día del sushi, en el que finalmente conseguí una victoria. Hicieron una publicación en la que de manera humorística expresaban que no harían sushi. Fue suficiente para engancharme y convencerme de ir.

Prasann está dentro de un edificio comercial no muy concurrido. Hay que tomar un elevador para llegar al último piso, en dónde se encuentra este lugar. Con una sonrisa nos recibieron, y nos guiaron a la terraza con vista a Puebla desde las alturas. Amablemente nos explicaron que cada plato del menú contaba con unas letras que indicaban su país de procedencia. Del otro lado del menú, y con un mapa de Asia, se encontraban enlistados Tailandia, Filipinas, Vietnam, Medio Oriente, China, Corea, Japón e India.

Tenía tantas ganas de probar de todo que pedimos prácticamente todo para el centro. Nos mandaron unas croquetas de salmón de cortesías, seguidas de dumplings surtidos, fritos y al vapor. Los sabores fueron tanto nuevos como deliciosos, incluso adictivos. Justo después nos mandaron buns de pork belly, que son panes al vapor rellenos del puerco, pepino, cebollín y lechuga. Las verduras aportaron el toque perfecto entre crujiente y fresco, contrastando con lo agridulce del pork belly.

Sumándose a la mesa, llegó el pad thai, que con su salsa de tamarindo y naranja me recordó a mi amor por las pastas y fideos. También llegaron los spring rolls vietnamitas, completamente nuevos para mí. Con el exterior hecho de crujiente papel de arroz, rellenos de carne molida de res y de cerdo, debo confesar que fue inevitable no acabárnoslos.

Casi nunca hablo de los postres porque muy pocas veces me sorprenden lo suficiente. El sticky rice se ganó su espacio. Con lo crujiente del coco rallado, el mango congelado, y la cantidad perfecta de azúcar, no dudaría en pedirlo en cada visita.

Sin duda, Prasann me dejó con mucho de qué hablar. Hay comida para todos los gustos, ofreciendo una enorme variedad de platillos tradicionales de toda Asia a sólo unos cuantos minutos de nuestras casas. Cada plato que probé reflejó el amor y pasión con la que fue cocinado. Me arrepiento de no haber ido antes, es el lugar del que todos deberíamos estar hablando.
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