Prejuicios de la sin razón
Ami Ortega

17-07-2019  14:01

No comprender o comprender a medias un objeto deriva en interpretaciones
equívocas mismas que mutan en prejuicios al respecto del objeto. Así como un
término físico malentendido limita la comprensión de la teoría y lleva a hacer
suposiciones erróneas (lo digo por experiencia) así también una doctrina religiosa
mal entendida implica un desprecio hacia la religiosidad o un acto de fanatismo
incongruente con la sabiduría profunda que guarda cada sistema de creencias.

A través de la historia se ha derramado sangre en nombre de Dios tal cual
lo fue en la Guerra Santa encabezada por moros y cristianos, otras veces el poder
de la Iglesia como institución sobrepasó sus límites manipulando a la sociedad
según su conveniencia.

En México, la Guerra Cristera protagonizada por el gobierno de Plutarco
Elías Calles y la Iglesia como institución activa en la política mexicana, dejó de ser
un intento por construir un estado laico para convertirse en una persecución de
creyentes tal y como sucedió por tres siglos en el imperio romano de hace dos mil
años.

Nuevamente una regulación que inicialmente se limitaba a lo económico
desembocó en un genocidio motivado por el odio y el desprecio infundado hacia el
Cristianismo.

En este ensayo se intenta exponer como la mala interpretación y los
prejuicios acerca de ciertas doctrinas religiosas derivan en dos catastróficas
posibilidades a y b: a) detestar las religiones o b) ser un fanático religioso.

Advierto que ambos casos son igual de terribles porque su posición se encuentra
fundada en premisas tambaleantes.

En nuestro mundo hipermoderno se respira un aire de relatividad e
individualismo donde asumiendo que todo depende del cristal con que miramos
las cosas nos proclamamos ateos y nos rehusándonos a escuchar cualquier
enseñanza religiosa con el argumento de que la Iglesia ha cometido barbaridades
y es entonces que hacemos alusión a la perversidad del Padre Maciel y a la
descendencia oculta del cura local para soportar nuestro prejuicio.

Analizando este desprecio se puede inferir que hemos generalizado las
acciones negativas de ciertos individuos religiosos y los hemos tomado como si la
acción fuera parte de la doctrina misma, perdiendo la fe en cualquier sistema. Un
ejemplo con matices xenofóbicos es el prejuicio que se tiene en occidente el cual
concibe a todos los practicantes del Islam como terroristas.

Por otra parte existen quienes adoptamos una naturaleza de licántropos y
así asistimos al culto religioso cada vez que la congregación lo indica, se adora a
Dios y se siguen los ritos al pie de la letra sin embargo al salir del recinto religioso
uno olvida o decide ignorar los principios de los que tanto se habla en cada
reunión.

Y es que practicar una religión no se limita a escuchar ni a repetir un rezo
sino a crecer en la fe. A leer entre líneas y en contexto lo que las sagradas
escrituras pretenden ilustrar, entender el trasfondo de cada pasaje bíblico y vivir la
religión en todos los aspectos cotidianos de la vida.

Se puede deducir que la existencia de fanáticos religiosos que viven una
malinterpretación de la religión es una posible causa de que existan otros que por
el acto de estos primeros concluyan que la doctrina es un fracaso y entonces se
proclamen ateos. Lo que viene a demostrar una interrelación entre la posibilidad a
y b mencionadas en los párrafos anteriores.

México es un país rico en tradición religiosa con un legado mayormente
cristiano (entiéndase como doctrina cristiana al extenso sistema de creencias que
parte del judaísmo y tiene como fundamento a la santísima trinidad). Es común
que se celebren bautizos, confirmaciones, bodas, cumpleaños y en todas por lo
menos una vez se cite un fragmento de la biblia y se ore a Dios. Costumbres como
poner altar o no comer carne roja en cuaresma son ritos que adquieren un
verdadero valor si detrás existe una comprensión de lo que se hace, en otras
palabras el rito adquiere valor si hay culto detrás (entiéndase culto como aquello
que se honra y al rito como la materialización de este).

Es necesario admitir que como todo aprendizaje, el crecimiento en la fe
requiere cierto esfuerzo y voluntad para evolucionar y comprender la sabiduría de
la doctrina y vivir siendo congruentes con ella. Si se sigue este camino de
búsqueda y comprensión de la verdad, se está caminando ya a hacer filosofía.

Con lo mencionado no pretendo hacer publicidad a ninguna religión sino
propongo una reconsideración de lo valioso que cada religión ofrece así como una
invitación a aprender a escuchar opiniones externas y diferentes, analizarlas,
cuestionarlas y finalmente ejercer una postura basada en argumentos válidos y
verdaderos al respecto de algo y no una crítica sin razón.
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