Crónica de un primer amor
Ángel Paz

02-09-2019  22:53

1 "¡SÍ QUIERO!"

La princesa de mis sueños. Sólo pensaba en ella. Me encontraba muy nervioso porque aún no sabía si aceptaría ser mi novia. Era la hora de la salida. Mi reloj tipo sport marcaba las 6:10 de la tarde y la esperaba con gran emoción. El crepúsculo golpeaba mi rostro y sobre el barandal de uno de los edificios más altos de mi escuela primaria vespertina, aguardaba con ansias su llegada.

Más temprano ese día, durante el recreo, mi amigo Joseph no paró de hacerme burla cuando le conté que había escrito una carta de amor para Lorena. A Joseph le pareció infantil, tonto y cursi... ¡Casi logra hacerme llorar!

Eran las 6:15pm y escuché como los carros se estacionaban afuera de la escuela. Varios papás salían de sus respectivos automóviles para recoger a sus hijos.

Con recelo, observé a los padres abrazar a sus pequeños… quizá pensaba que eran demasiados infantiles porque yo ya había crecido y madurado lo suficiente como para abrazar a mi padre o darle un beso a mi madre.

De pronto, sentí como unas manos pequeñas rodearon mi cabeza y taparon mis ojos. Sabía que era ella. Volteé hacia su rostro y me sonrió... La encontré magnífica:

Su falda, verde, estaba manchada de salsa y su blusa blanca estropeada de un líquido azul; deduje que la mancha en su falda era porque había comido unas papitas de queso (sus favoritas) y la mancha en su blusa por un Boli (probablemente sabor a chicle) que habría disfrutado en el receso. Realmente lucía como un ángel. Espectacular. Y así, de la nada, me dijo emocionada: -¡Sí quiero!

Y me abrazó muy fuerte.

2 "EL PRIMER BESO"

Mientras Lorena me abrazaba yo estaba incrédulo por sus palabras y llegué a la conclusión de que Joseph había ido de chismoso a contarle todo.

Por fin, Lorena y yo estábamos cara a cara y frente a frente.

Algo me empujó para acercar (con cautela) mi boca a la suya y ver qué es lo que pasaba. Así que acerqué mis labios un 90% a los suyos y (después de dos o tres segundos eternos) Lorena se abalanzó sobre los míos. Comenzamos a besarnos.

Sentí como su lengua paseaba por toda mi boca; ella trataba de hacer una maniobra muy extraña y yo (que tampoco sabía lo que hacía) traté de seguirle. Por fin, me separé de ella. Mi boca tenía el sabor a papitas de queso pero realmente eso no me importó (y parece que a ella tampoco) así que después de nuestro primer gran beso, nos dirigimos con naturalidad hacia la salida del colegio.

Estaba dispuesto ir a casa, aplastarme en la cama y pensar y repasar el momento mágico de mi primer beso. Sin embargo, eso no sucedería pronto...

3 "LOLA"

En la puerta de la salida ya me estaba esperando Lola: La niña mala, gorda, y marimacha de mi salón. Lola, quien había descubierto que me gustaba Lorena desde el primer día de clases, me advirtió enseguida: “En ningún momento te atrevas a declararle tu amor… ¡Porque tú tienes que ser mío! ¡Sólo mío!

No sé qué le ocurría a Lola. Pero traté de entender su agresiva actitud conmigo. Llegué a la conclusión de que era su amor platónico, que significaba algo así como su crush desde quinto de primaria… pero ella definitivamente no era de mi agrado. Aún recuerdo cuando tuve la mala fortuna de conocerla. Fue el mismo año que conocí a Lorena, precisamente en quinto grado. Lola no me quitó la vista de encima durante todas las clases. Fue una auténtica "stalker". En fin, desde que le hablé a Lorena, Lola nunca me dejó de molestar ni acosar...

Hacia la salida, traté de acelerar el paso. Haciéndome el desentendido ante la presencia de Lola (quien siempre me esperaba en la salida) sujeté la mano de Lorena con nervios (supongo que la agarré demasiado fuerte ya que exclamó un exagerado “auch” cuando la tomé) y Lola, quien comía una torta de aguacate (¡Ay esa Lola que comía a todas horas!) casi se atragantó al verme de la mano con mi flamante novia. Y así, me gritó: -¡Santi, ven! ¡No puedes hacerme esto! ¡No deberías, hacerme esto!- me reclamó mientras tenía la boca repleta de su bocado.

Para mi desgracia, el papá de Lorena había llegado temprano. ¡No podía creerlo! Lorena se fue y ahora me había quedado solito con Lola.

De un segundo a otro, y después de despedirme de Lorena, sentí como una fuerza brutal se apoderó del cuello de mi camisa la cual me ahorcó profundamente: Lola me había pescado.

-¡A ver, maldito gusano! Responde; ¿Acaso Lorena tu noviecita?

Yo (que ya sacaba algunas lágrimas porque Lola no dejaba de ahorcarme) no podía hablar.

Después de eso, pude sentir un golpe tremendo en mi estómago cayendo de manera fortuita al piso.

-¡Mañana mismo la cortas! ¿Entendido?- Y Lola se alejó de mí.

Aún recuerdo como la pobre gordinflona apenas y podía subir al transporte escolar...


4 "CONTRARIADO"

Amaneció.

La noche anterior no pude dormir; estaba pensando en Lola y en sus condiciones. Me tenía amenazado. Y yo le tenía miedo.

Llegué a la escuela y no encontré a Lorena. Fue hasta las tres y media de la tarde cuando mi profesor de grado, el Maestro Melquiades, me mandó a dar un aviso al grupo de Lorena sobre el cambio de hora de la ceremonia en nuestro colegio.

Entonces la miré. Lorena ni siquiera me saludó. Me ignoró. Cuando salí de su salón, estaba contrariado por su total indiferencia. Para mi mala fortuna, en el pasillo (mientras regresaba a mi salón) me topé con Lola. Y entonces, me dijo: -¿Y bien? ¿Ya hiciste lo que te mandé a hacer?- Negué con la cabeza y pasé de largo.

Lola no me siguió.

5 "El DESENGAÑO"

Lorena estaba a punto de salir de sus clases. Como yo ya había terminado las mías, fui a recogerla a su salón. Cuando me vio, por fin, me hizo caso y me brindó un “beso de piquito”.

Comenzamos a caminar juntos por las jardineras de la escuela las cuales que nos encaminaban directamente hacia la salida. Me preguntaba el por qué Lorena se había comportado tan extraña al inicio del día.

Después de un largo silencio, muy segura de sí misma, me dijo:
-Santiago, quiero hablar contigo... De hecho, es una gran sorpresa.
-Me agradan las sorpresas- le dije, mintiéndole.

Entre las jardineras, Lola salió gritando de forma desquiciada. ¡Vaya susto que me pegó la gorda! Lola y Lorena se empezaron a burlar de mí de forma estruendosa. Me sentí avergonzado. Algo no andaba bien.

Sobresaltado por el ruido de la grotesca risa de Lola, me di cuenta que a Lorena, mi novia, se le dibujó una maliciosa sonrisa. Fue entonces cuando se puso frente a Lola y, de forma muy pasional, le estampó un beso muy largo en su boca.

¡No podía creer lo que estaba viendo! ¡Lorena y Lola se estaban besando! ¡Un beso muy grande y muy largo! ¡Quedé asombrado! Aquello era perturbador. Antes de que pudiera decir algo, Lola separó su boca de la de Lorena y me gritó orgullosa:

-¡Aquí gano sólo yo! A Lorena no le gustas y mucho menos le interesas. Todo ha sido un gran plan para divertirnos contigo. Ahora ya sabes lo que le gusta realmente a Lorena.

Sin nada qué decir, herido y sorprendido no supe qué hacer en ese momento. No me quedó más que llorar delante de ellas. Recogí mis cosas y me fui desengañado a casa.

6 "LA VENGANZA"

Al día siguiente, Joseph pudo traerme los cohetes rellenos de pólvora, los globos rellenos de agua y la torta rellena de aguacate que le pedí para llevar a cabo mi venganza. No me iba a quedar con los brazos cruzados. Lola y Lorena habían jugado conmigo. Era mi turno de jugar con ellas.

Llegó la hora del receso. Joseph, quien era realmente muy astuto y un verdadero pillo, convenció a Lola y a Lorena de ir hacia las jardineras de la escuela ya que (según el mismo Joseph) les había dicho a las dos niñas que les iba a dar 20 pesos a cada una, a cambio de que ellas le mostraran los calzones. Realmente ya no me sorprendió que ellas aceptaran. ¡Increíble pensar que teníamos apenas 12 años de edad!

Me oculté detrás de un árbol cercano a las jardineras. Esperaba que las cosas salieran bien para poder consumar mi venganza. Confiaba en mi amigo. Pude observar cómo Joseph coqueteaba con las niñas y de forma apremiante (y aún más excitada) sacaba muchos pesos de sus bolsillos.

Como era de esperarse Lola y Lorena se levantaron las faldas mostrándole los calzones a Joseph. Mi amigo quien era un auténtico pícaro sinvergüenza no dudó en meter mano y mientras “estimulaba” a mis compañeras, Joseph puso en marcha el plan. No sé exactamente cómo ni cuándo, pero con una de sus manos (ya que la otra se mantenía muy ocupada) sacó de su bolsillo un par de cohetes: de esos a los que les llaman “ratoncitos” que al momento de prenderse brotan en abundancia chispitas de fuego.

Con una habilidad tremenda y sin que se dieran cuenta Lola y Lorena (quienes se encontraban extasiadas besándose, totalmente seducidas por la mano de Joseph) éste les “metió” con la otra a cada una un “ratoncito” encendido entre los calzones de las pobres niñas.

Es increíble que con tan sólo 12 años de existencia sobre esta Tierra mis compañeros de primaria y yo supiéramos muy bien lo que hacíamos.

Entre gritos desesperados, Joseph se alejó rápidamente mientras las pobres chicas trataban de quitarse los cohetes de encima... pero ya era demasiado tarde.

Pude observar con gozo como chispitas de fuego salían de los calzones de mis compañeritas.

Todo se reproducía en cámara lenta. Joseph y yo estábamos muertos de la risa. Entonces corrió hacia mí y dándome tres palmaditas en mi espalda, me dijo de forma agitada:
-¡Los globos, viejo, los globos! ¡Van los globos, hombre!

Y entonces, agarramos los globos rellenos de agua y dimos el segundo golpe. Joseph aventó el primero hacia la cara de Lola y yo, sin pensarlo dos veces, arrojé el otro hacia la cara descompuesta de Lorena. Los globos explotaron en sus respectivos rostros quedando empapadas y con los cohetes apagados. Fue entonces cuando Joseph comenzó a celebrar emulando el sonido de un “indio piel roja” con su mano derecha dándose golpecitos en su boca haciendo “Uh, Uh, Uh, Uh”. Estaba fuera de control. Finalmente, mi amigo me dijo:
-¡Ahora pásame la torta hermano, la torta!- y entonces le di la torta.

Nos acercamos hacia ellas y fue entonces cuando Joseph me dio la mitad y empezamos a comer como símbolo de triunfo sobre nuestras pobres compañeras Lola y Lorena...

Mi venganza estaba consumada.

-¡Salud! –exclamamos Joseph y yo mientras estrechábamos las mitades nuestra torta de aguacate.

Todavía recuerdo como a Lola (a pesar de que estaba empapada y quemada a la vez) se le dibujaba una cara de antojo sobre la torta que degustábamos Joseph y yo. Después de comerla, el prefecto de disciplina nos descubrió y nos expulsó del colegio a Joseph y a mí por cuatro semanas consecutivas.

¡Valió la pena!
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