Fin de semana en Oaxaca: una de las capitales de la gastronomía mexicana
Natalia Ibañez

30-09-2019  13:43

Ir a Oaxaca para mí, es como llegar a un paraíso gastronómico. Había ido en algunas ocasiones en mi infancia, pero no fue hasta hace dos años que regresé, que finalmente vi a Oaxaca con otros ojos. No solo tenía esa riqueza que alimenta las bocas de miles de mexicanos, sino que descubrí toda una nueva cara de su cultura y su gente. Por supuesto, me quedé con ganas de más, y regresé en el mes de agosto de este año.
La primera parada fue en uno de los favoritos de la familia: Restaurante Catedral. Localizado en el centro histórico de la ciudad, es uno de los más conocidos y tradicionales, ofreciendo servicio prácticamente todo el día. Una de mis cosas favoritas de este lugar es la manera en la que te sirven el chocolate caliente en un plato hondo de barro, con decoraciones de flores. Como desayuno, pedí el tamalito de elote con crema y queso locales, y las memelitas, que eran unas picaditas con queso y tasajo. Creo que es de esos lugares que lo que sea que pidas, no te va a fallar.
Como parte del recorrido, fuimos a conocer la zona arqueológica de Mitla, a unos 40 minutos de la ciudad. Me pareció un lugar muy único por su vegetación, sus paredes perfectamente conservadas, algunas con pintura original, sus tumbas a las que tienen acceso los visitantes, y sus vistas espectaculares. De regreso, hicimos nuestra propia ruta del mezcal, comenzando por Matatlán, cuna del tradicional destilado.
No existe como tal una infraestructura que te diga exactamente a dónde ir. Requiere un poco de investigación previa, ya sea con tu hotel, internet, o gente local, para tener una idea de qué lugares visitar. La mayoria de las productoras de mezcal son muy pequeñas y sencillas, y no tienen espacios tan claros como los tiene el tequila en Jalisco. El chiste es ir con tiempo, e ir buscando en las calles y carreteras tiendas y fábricas de mezcal, y probar, probar, y probar. En algunas podrás encontrar breves recorridos en donde te expliquen a detalle el proceso de extracción destilado personal de cada marca. Con varias botellas compradas, y algunos tragos de mezcal de más, regresamos a la ciudad.
Teníamos reserva en uno de mis favoritos personales: Casa Oaxaca. Curiosamente, habíamos ido en la misma época dos años atrás, y nos volvió a tocar por ende la temporada de hormigas chicatanas. Su tostada de insectos es de esos platos que te cambian por completo, y sin miedo al éxito, lo acompañamos con salsa de chicatana y salsa martajada al momento. Es siempre una gozada regresar a esos lugares que marcan un antes y un después en tu historia con la gastronomía de un lugar.
El desayuno del día siguiente fue muy rápido, en una de las recomendaciones que me hicieron. Fuimos a Pan:am, y tienen pan recién hecho, desayunos clásicos, y excelente ubicación para seguir recorriendo el centro. Posteriormente, fuimos al Museo de los Pintores Oaxaqueños, museo que disfruto muchísimo cada que voy. Conocimos el espectacular recibidor del Teatro Macedonio Alcalá, y finalizamos aprendiendo sobre telax oaxaqueñas en el Museo Textil de Oaxaca. Después, llegó mi hora favorita.
Nos trasladamos a pie hasta llegar a Pitiona, que está a solo unos pasos del Templo de Santo Domingo de Guzmán. Pedí mesa en terazza, y nunca imaginé que tendríamos semejante vista. Con todo y el calor, se ganaron toda mi admiración. Sus almejas chocolata estaban de impacto. Su ceviche verde de pescado como para no comer jamás de otro. Y ni se diga de sus tacos, que nada más recordando, me invaden el antojo y las ganas de regresar.
La aventura aún no acaba. Al día siguiente, moría de emoción de finalmente probar el lugar que más me sugirieron para desayunar. Igualmente en el centro, está Boulenc, que aparte de tener su pan artesanal recién hecho, tienen desayunos increíbles, y pizzas que otro día probaré. Sus molletes están en mis top 3, y su shakshuka, por más picante que estaba, se convirtió en un favorito de mi papá. Muy probablemente desayune ahí todos los días de mi siguiente visita.
A menos de 4 horas de Puebla, Oaxaca recibe a sus visitantes con los brazos abiertos. Y como alguna vez leí, Oaxaca se conoce por la boca. Así que vayan con mucha hambre y muchas ganas de probar, porque no se van a arrepentir.
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