La añoranza del pasado
Ami Ortega

28-01-2019  17:32

Cada vez que recuerdo los relatos que bajo una nube de melancolía mis abuelos narran sobre las generaciones pasadas, me siento encantada y con añoranza de conocer ese mundo¬¬¬¬-hoy extinto- en el que la palabra de una persona era sello y firma para cerrar un contrato; en el que las lámparas de petróleo iluminaban las casas y las estrellas, el camino de los arrieros.

Aunque según mi bisabuelito- ejemplar hombre de a caballo- en ciertas ocasiones, cuando la luz del firmamento no bastaba para alumbrar su andar, era preciso dirigir los tiros al cielo. Por honrar la memoria de ese jinete tan audaz nunca he cuestionado la veracidad de los hechos.

Los arrieros eran los mensajeros en la ruta comercial y transportaban consigo mayormente: ganado, sal, jabón, petróleo y más tarde, la mezclilla para los pantalones. En el caso particular de la sierra norte de Puebla, estos bienes eran recabados de puertos como Tampico y de ciudades como Berastáin por las cuales pasaba el tren.

Los mesones, distribuidos por doquier, alojaban a los cabalgantes y ahí se les proveía a las bestias de agua, descanso y alimento. Además, el paso de los arrieros por los pueblos generaba ingresos e invenciones culinarias. Cuentan por ahí que los molotes-esa crujiente bolita de masa frita y rellena de pollo que comemos con frecuencia- surgió en alguna cenaduría con la inesperada llegada de los hambrientos jinetes.

Despertaban con el gallo y mientras el hombre ensillaba el caballo, la madre prendía el fogón y los hijos- como en ese entonces mi abuelo- iban a moler el nixtamal para hacer las primeras tortillas del día.

Se dice que las familias eran casi autosustentables; la leche la obtenían de la vaca que estaba en el patio y con ella las mujeres de casa fabricaban el queso. Su desempeño en la cocina implicaba matar a los animales que más tarde alcanzarían la cazuela. La icónica cecina no fue sino el resultado de salar la carne para conservarla.

Pioneras de la ciencia, medicina y herbolaria, la sabiduría femenina intuía el remedio para todo mal. Inclusive hoy en día mi perspicaz abuelita identifica el más sutil palidecer de mi rostro y me dice:

- “tú lo que necesitas es un licuado de yerba santa”- luego se vuelve hacia al jardín para encontrar la planta que más tarde he de beber.

Ser mujer nunca ha sido fácil y desgraciadamente en aquellos tiempos un gran número moría al momento de dar a luz. De ahí el importante rol de las tías o las hermanas quienes se encargaban, en estos casos, de dar crianza a los más pequeños.

Por eso, aunque de las mujeres de antaño se habla poco, yo no puedo hacer otra cosa más que admirarlas.

Todavía a mediados del siglo pasado ciertas comunidades ocultas entre las montañas de la sierra desconocían los automóviles. Mi tía cuenta que su papá siendo presidente de la junta auxiliar tuvo que intervenir para evitar que la población entera se escondiera cuando los primeros motores comenzaron a merodear el pueblo. Después de eso, poco tiempo bastó para que el carro de la coca cola- bandera de la globalización- alcanzara hasta el más recóndito poblado.

La introducción de la medicina de patente se logró solo con el tiempo pues la novedad era fuente de temor y ciertos mitos rodeaban a las agujas como el que las inyecciones no eran sino anticonceptivos subvencionados por el gobierno.

El sonar de las campanas anunciaba un evento importante que podría ser un funeral, la misa o que en la casa de fulanito de tal se estaba vendiendo carne.

Usar zapatos era un lujo y según me cuentan, evitaban calzarlos cuando no eran estrictamente necesarios. Los jeans de mezclilla, mismos que hoy predominan los armarios, eran usados por los más humildes por ser gruesos y duraderos. Por lo cual no es sorpresa que la gente mayor se horrorice al ver los pantalones de la nueva era y hagan comentarios como los de mi abuelita:

- ¡Qué barbaridad voy a creer! parece que te cobran por los hoyos que tienen -
En cada pueblo había un cacique- el mandamás - y las disputas se arreglaban con armas. El repertorio de canciones mexicanas sustenta estas historias y otras más sobre caballos, peleas de gallos, bebida, fortuna y amor.

A pesar de todo el encanto, el recuerdo siempre tiene matices subjetivos que le otorgan al pasado un toque de magia y ficción. Sin darnos cuenta, día con día, construimos una historia que en cierto tiempo robará los suspiros de quienes como yo ahora escuchen con añoranza los relatos del pasado.
Comentarios


Un día como hoy de 1695 murió Sor Juana Inés de la Cruz
Nacional  12:25hrs   
María Fernanda Prieto

Pilar de la poesía mexicana y figura clave del Siglo de Oro español



Revista Nacional Ver más




Cartelera Ver cartelera




Frases Ver más


Aviso de privacidad
Terminos y condiciones de uso
Uso de cookies
Facebook
Twitter
YouTube
Desarrollado por

©2019 Derechos reservados.
Se prohíbe la reproducción total o parcial del contenido de este sitio, sin la autorización expresa.