Revolución #MeToo

Hoja Arrugada


Columnas   04-04-2019 17:58  Ángel Paz 





Hablar de acoso y/o abuso sexual es un tema serio y sumamente difícil con el que se debe actuar con prudencia y responsabilidad.

Si bien, gracias a la tecnología y a las plataformas digitales en las que toda persona puede realizar cualquier tipo de denuncia a través de sus publicaciones en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram por mencionar algunas, hay que tener la suficiente cautela de lo que se comparte en el mundo del internet.

En el caso de una publicación noticiosa o de denuncia ciudadana (aunque esta pueda ser falsa) la realidad es que toda publicación la leerá más de uno de nuestra lista de amigos y seguidores por lo cual comenzará a viralizarse.

Ciertamente es un beneficio y una gran herramienta en nuestra actualidad para poder dar a conocer algo y que salga a la luz pública y, con ello, provocar una avalancha de “likes” o “retweets” como apoyo para dar a conocer a más y más gente lo publicado.

Cuando se trata, por ejemplo, de temas o denuncias sobre delitos, es importante que se actúe con veracidad y con pruebas contundentes que ayuden a comprobar lo expuesto y acercarse a las instancias de justicia correspondientes para atender el caso.

Siguiendo esta línea, el movimiento digital naciente en Twitter bajo la etiqueta #MeToo tiene sus orígenes en Estados Unidos a partir del trabajo de una activista social llamada Tarana Burke en la que desde 1996 comienza a ser la portavoz de denuncias de abuso y acoso sexual contra las mujeres, tras escuchar y recolectar varios testimonios fundando su movimiento bajo el nombre “Me Too Movement” (Movimiento yo también).

Una década después, en 2017, a raíz del caso de Harvey Weinstein (productor de Hollywood acusado de acoso y abuso sexual en contra de varias actrices) Alyssa Milano, actriz estadounidense, invitó a escribir dicho hashtag (etiqueta digital) en Twitter: “Si has sido acosada o abusada sexualmente, escribe #YoTambién como respuesta a este tweet”, lo que generó una oleada de respuestas en todo el mundo para atender los casos del abuso y acoso sexual.

Dicho tweet se viralizó en muy poco tiempo y formó parte de una ola de cibernautas que apoyaban la moción para dar con los responsables y penalizarlos para así concientizar sobre el abuso contra la mujer y dignificar a la misma.

Esta etiqueta se empezó a popularizar en varias partes del mundo, en Latinoamérica y en México en la que, al igual que en los casos anteriores, se denunciaban a los hombres que habían acosado o abusado sexualmente de las mujeres (sobre todo en el pasado) sobresaliendo nombres de escritores, periodistas, políticos, músicos, etc., y también nombres de hombres comunes.

Hace unos días, bajo la misma etiqueta de #MeToo y de forma anónima, se acusó al integrante de la banda de rock “Botellita de Jerez”, Armando Vega Gil, de acoso y abuso sexual en contra de una menor de 13 años de edad y quien, según esta acusación, ahora es mayor de edad y gracias al hashtag se atrevió a denunciarlo. Dicha acusación fue negada categóricamente por el músico, sin embargo la reacción casi inmediata del artista sorprendió a todos, quitándose la vida unas horas después.

Armando Vega Gil (que dicho sea de paso también se dedicaba a escribir cuentos para niños y libros para adolescentes) padecía, ciertamente, de un cuadro de depresión y ansiedad desde hace unos años y desafortunadamente la gota gorda que derramó el vaso fue dicha acusación en su contra que desencadenó en su muerte.

Según sus amigos más cercanos e incluso periodistas, como Lydia Cacho, salieron en su defensa y con la consternación de lo sucedido en sus rostros, describiéndolo como una persona de reputación intachable, padre de familia y activista social.

Este caso deja dudas y es sumamente alarmante. Tal parece haberse creado una ola de odio en general por parte de la mujer hacia el hombre a raíz del movimiento digital #MeToo en la que todos los hombres son blanco fácil para ser objeto de denuncia ya que en varias partes del mundo, tanto la ley como la opinión pública, defienden cada vez más a la mujer y menos al hombre y en la que grupos feministas y otros movimientos a favor de la dignificación de la mujer, parecen haber olvidado los valores básicos que reclaman y que, sin embargo, no los practican: la justicia, la equidad y la responsabilidad parecen usarlas a su conveniencia.

Que no se malentienda mi argumento estimada lectora y lector, por supuesto que hay que denunciar y castigar a quien ha abusado y acosado sexualmente de una mujer pero se deberá acusar de forma veraz y con pruebas en mano acudiendo a las instancias legales y de justicia pertinentes para atender y solucionar este tipo de casos y no de forma anónima y por internet actuando con total irresponsabilidad.

En este caso, las dudas siempre son las que matan: ¿Y si Armando Gil Vega era inocente como lo declaró antes de morir? ¿Y si la mujer, en general, está confundiendo igualdad con equidad de género? ¿Y si se está desatando una ola de odio por parte de la mujer hacia el hombre? ¿En verdad son tan poderosas las redes sociales para destruir una vida?

Yo lo dejo a la reflexión. Y les invito a todos y a todas a practicar los valores universales que se encuentran en crisis y en una terrible decadencia.

Tomemos conciencia en este tipo de casos para que podamos obtener paz, responsabilidad, amor, tolerancia y respeto para así actuar siempre con la verdad y castigar conforme a la ley a los que han infringido en algún tipo de delito sexual y no actuar ni acusar con las vísceras, con mala intención, por broma, por fama o por despecho…

 
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